"El corazón me resbala por las tuberías de este cuarto y ya no hay forma de sacarlo."








jueves, 30 de diciembre de 2010

Daños colaterales.

Encontrar el momento adecuado para explotar es mi objetivo principal. Creo que nunca me entiendes y eso me frustra demasiado, tanto, que siento como en el interior de mi pecho una presión enorme empuja mis vertebras hacia fuera, hasta reventar. A veces se me olvida respirar, y obligo a mis pulmones coger muy poquito a poco ese aire cargado de humo que tu cigarrillo ha dejado en el ambiente. Sé que mi madre protestará por eso, pero ahora me da igual.

Lo único que me preocupa en estos momentos es tener la claridad suficiente para elegir la forma de expandir mi ira sin ocasionar los llamados daños colaterales, o lo que es lo mismo, sin destrozarte.

jueves, 4 de noviembre de 2010

Feliz desayuno.

Después de dormir toda la noche de un tirón, Julia se despierta aún adormilada; es igualita a su padre.
Ya hace demasiado que no habla con él, desde que las abandonó aquel 13 de octubre, no lo ha vuelto a ver.
Que ya no siente el tacto áspero de sus manos cuando le rozaba la mejilla al darle las buenas noches, ni el gusto de observar como sus padres se lanzaban miradas furtivas prometedoras de un placer futuro que llegaría en cuanto ella desapareciera entre sus sábanas. Recuerdos.
Se sienta al borde de la cama con sus pequeños piececitos número 35 colgando y respira una bocanada de aire con olor a desayuno, casi puede imaginar a Alejandra, su madre, preparando las tostadas y la leche en la cocina. Rutinas.
Desde que Eduardo decidió marcharse, su madre se ha transformado en un esqueleto. A Julia le da miedo tocarla, le parece un accidente de lo más tonto pincharse con una de las muchas vértebras que sobresalen de su fina capa epidérmica.
No se imagina el motivo por el que se marchó, la pequeña Julia solo sabe que todo ha perdido sentido a su alrededor, hasta rozar con la punta de los dedos lo absurdo. Cada trocito de agua salada que se desliza hacia su exterior intenta aseptizar su diminuto gran corazón.
Llega a la cocina e inhala de nuevo el olor a leche hervida.
Buenos días mamá, feliz desayuno.

martes, 19 de octubre de 2010

Cinco minutos.

Desde que me senté en esa piedra, dura, eso sí, se me congelaron las ideas. No fui consciente de ello hasta que los gritos de Sonia me derritieron, con ayuda del sol, el cerebro.
El paisaje es increíble. Entrecierro los ojos. Los tonos verdes y azules resaltan claramente y las hojas de los árboles bailan al compás de una irritante melodía de rap.
Mientras, en el interior de mi estómago, los jugos gástricos luchan contra viento y marea por deshacer los espaguetis con pechuga que mi madre me ha preparado esta mañana, delicioso.
Lucía ha estado a mi lado todo el rato, y aunque no hemos abierto la boca, sé que piensa lo mismo que yo. Durante estos dos años hemos aprendido a entender el complicado dialecto de nuestras miradas, algo muy útil en estos casos. Quizás ella no lo sepa, pero he de decir que adoro todo eso.
El numeroso grupo de estudiantes, situado a nuestra derecha, apaga su voz y se va. La función ha terminado.
Solo faltan 5 minutos…

viernes, 17 de septiembre de 2010

Cambios.

Hoy, es uno de esos días que me apetece columpiarme muy alto, hasta la luna. Y contemplar desde allí como todo va cambiando. Evadirme.
Ya hace tiempo que he dejado de notar ese cosquilleo propio de cuando las yemas de tus dedos rozaban mi superficie, el hormigueo de mis neuronas cada vez que vibraba el teléfono y el aleteo de mis pestañas cuando me dedicabas una sonrisa.
Todo se ha convertido en una extraña picazón a la altura de mi pecho izquierdo.
Cambios. Eso es, cambios a lo largo de nuestras vidas. A veces nos sorprenden, otras son más esperados.
Y ahora estoy aquí, en este columpio de pensamientos incontrolados, recordando el último día que bebí sorbito a sorbito el olor de tu cuello, antes de incorporarme y decirte adiós. Para siempre.

miércoles, 8 de septiembre de 2010

A tres copas bajo cero.

El estómago de Claudia se retuerce, dice que no puede absorber más de aquella sustancia que hace que sus neuronas aleteen.
Son las 4 de la madrugada y esa es su tercera copa. ¿Y que si no sabe nada de él? El teléfono sigue sin sonar.
De un trago vacía el vaso y lo tira al suelo, esa noche le da igual que su amiga la llame guarra, está borracha.
Tiene ganas de bailar, saltar, cantar… y lo hace, vaya si lo hace.
Él sigue sin dar señales de vida aunque ya no le importa demasiado, se siente bien calentando a ese tío que no para de besarla. Delante de todo el mundo, incluso de él, que ha llegado sin avisar.
Si, mañana se arrepentirá, pasado llorará, pero esta es su noche y de momento prefiere dejarse llevar.

martes, 10 de agosto de 2010

No, pero gracias por visitar mi vida.

No. Dos letras, una palabra enanísima y dolor. El corazón se contrae y se retuerce, pobre. Primero decepción, luego puede que algo de miedo y ahora pena. Maldita sea todo esto me da mucha pena. Absurdo.La habitación parece más pequeña, igual que mi cuerpo.Me apetece fumar un cigarrillo y volatilizarme con el humo hasta el techo, donde solo espero que no vivan criaturas pensantes que me amarguen la existencia.No quiero pensar en esta noche. Mis párpados se han abierto, como el viejo telón de un teatro que oculta todo lo que esta detrás. Realidad.Y ahora soy yo la que digo no.

viernes, 2 de julio de 2010

Que soy libre.


Que si, que soy libre. Que mi cabeza y corazón no pertenezcan a nadie, como cuando era pequeña y solo pensaba en esconderme del mundo tras las piernas de mi madre. Y que si, que también estoy confusa, entiéndelo.
Los ronquidos de mi padre en la habitación de al lado volatizan cualquier tipo de pensamiento. Son las 2:35 de la madrugada y no puedo dormir. La floreada colcha descansa a los pies de la cama. Me muero de calor. Y a pesar de que me siento un poco decepcionada conmigo misma por haberme engañado, estoy mejor que bien.
En un instante me vienen a la mente montones de pájaros sobrevolando el mar, y la tierra, y con esa imagen en la cabeza se me cierran los ojos.
Oscuridad, silencio.

viernes, 14 de mayo de 2010

Cuando lucía el sol.

Apoyada en un árbol bajo su gran sombra, Lucía descansa con una margarita blanca en las manos. Luce una falda de tiro alto y una camiseta floreada con tonos primaverales, muy acorde a la época del año.
Su melena rubia, larga hasta el inmenso infinito, descansa sobre su espalda agarrada por un broche color esmeralda con forma de corazón inerte.
Silencio.
Traga un trocito de aire con sabor a hojas secas, melocotón y moras.
Un sentimiento de nostalgia la rodea, como esas películas en blanco y negro de antaño.
Echa de menos a alguien, pero no hay nadie ni nada. Nada por dentro, nada por fuera. Vacía como un arroyo en un verano de sequía.
El sol ilumina su cabello lanzando destellos dorados, una mariposa que aletea, un pétalo que cae, otro pétalo y una pregunta en la cabeza… “¿me quiere o no me quiere?”.

jueves, 15 de abril de 2010

Querido diario...

Miércoles 14 de abril de 2009.
Querido diario, hoy, como de costumbre, miré al espejo y me cansé de observar mis ojos negro azabache bañados en lágrimas. Las gotitas saladas no dejan de derramarse, noche tras noche, día tras día.
Lloro y no sé el motivo, como cuando era una cría y le gritaba a mi madre sin tener por qué. Perdona mamá, no tenía ni idea del daño que te hacía. Soy egoísta. Lo sé. Lo sabes.
Cojí el pequeño bote de perfume y salpiqué, como hacia siempre, unas gotas del oloroso líquido en el cuello y en la nuca. Unté mis jugosos labios en carmín rojo intenso y con aire de mujer fatal salí a la calle intentando fingir algo que no sentía.
En realidad, mi pedazo de alma sí sabe el motivo de mis pupilas mojadas. Mi corazón no está curado. Ni tampoco el tuyo. Te engañé, te mentí, te fallé. Y me arrepiento, pero no vale de nada.
Querido diario, reacuérdame que en mi próxima lista de propósitos para el siguiente año figure no hacerle más daño a la gente que quiero.
Buenas noches, no me apetece seguir pensando. Voy a desaparecer entre mis sábanas.

viernes, 9 de abril de 2010

Cuando el aburrimiento se cierne sobre mi.

El aburrimiento es una de las peores y más crueles torturas, aunque también se podría comparar con un fuerte huracán que arrastra todo a su paso sin control, sin ningún tipo de miramientos y sobre todo sin hacer excepciones. Pese a la resistencia... todo el mundo tarde o temprano cae en sus redes, unas redes de las cuales nos resulta imposible escapar.
El aburrimiento hace caer a la persona en un estado de semiinconsciencia en el cual el mundo inescrutable de los pensamientos aparece y se cierne sobre ella.

viernes, 26 de marzo de 2010

De cuando el tiempo no pasaba.

Silencio de metal en esta fría habitación, un agudo sonido de reloj marca las doce. El sol entra a raudales por la ventana. Nueve alumnos se empeñan en leer y releer unas frases que esperan que los salve de un asqueroso suspenso. Una profesora con pinta de haber vivido demasiado corrige un ejercicio, al parecer, mal hecho. La tinta roja se desliza sobre el papel, un tachón, un bien, un mal y finalmente como resultado una gran R en la esquina superior derecha. Dos y diez, suena la campana que marca el fin de aquella angustiosa mañana. Suspiros de alivio. Un gran fin de semana por delante.

viernes, 19 de marzo de 2010

Tiempo con sabor a vino.


Tiempo que se esconde tras sus enormes paredes golpeándolas febrilmente hasta hacerlas sangrar de dolor, como esos días cuando éramos pequeños y jugábamos a lanzarnos pedacitos de manzanas que nos hacían daño, pero no podíamos parar de reír, borrachos de vino.
Martillazos de futuro preso en un pasado irrevocable con manchas de presente, como noches sin estrellas y estrellas sin luna.
Tiempo atrapado en la soledad de aquella habitación gris, como cuando jugábamos al escondite sin luz y acabábamos besándonos en silencio, convirtiendo el frío en calor, la oscuridad en claridad, los minutos en horas, lo finito en infinito…

viernes, 12 de marzo de 2010

Lejano a ti.

Viernes 12 de marzo lejano a ti.
Hoy me he despertado con una nueva marca roja en el cuello. La tapo, no quiero que ni el osito de peluche que descansa en mi cama vea el pequeño coagulo de sangre que me delata.
Salgo a la calle y pienso en lo irresponsable que soy, y todo me recuerda a ti: el pelo rebelde de aquel hombre, los labios finos de aquella mujer, el lunar específicamente colocado sobre el mentón de aquel niño…
Me arde el cuello, la mancha quiere salir, escapar de la pared dérmica donde está encerrada.
Me gustaría meterte en una cajita de madera y guardarte para siempre, transformarte en una edición de bolsillo o en una versión de viaje y llevarte en mi víscera roja con forma de corazón allá donde vaya.
La mancha me sigue ardiendo.
Te quiero, pero estás lejos y me gusta desahogarme en otras bocas imaginando que te pertenecen, perdóname.
Viernes 12 de marzo lejano a ti. Lo siento, yo soy así.

miércoles, 10 de marzo de 2010

Sí, a vosotros!


Me aburro, me aburro mucho. ¿Tendré algún límite? Porque siento que cada día lo supero más y más.
Ay!! Como me aburro!
Menos mal que existís vosotros… si, si vosotros!
Esos que me dan la felicidad por un momento.
Esos que me permiten desahogarme.
Esos que siempre me ayudan, me ayudan en silencio.
Esos que no protestan por nada, me hacen caso sin rechistar, se mueven como marionetas ante mi voluntad.
Sí, vosotros! Que grandes sois!
Vosotros que me entendéis, me apoyáis…
Sí, vosotros! Que me hacéis sentir como una reina, una princesa, una princesa de cuentos de hadas, como si de Alicia en el País de las Maravillas se tratase.
Solo con teneros delante entro en un mundo de ensueño donde mis sentimientos y pensamientos me inundan.
Me inundan y observo como la inspiración me invade, como mis sentimientos se reflejan en forma de palabras sobre el papel, como el bolígrafo, mi querido bolígrafo, se desliza rápidamente con fluidez.
Sí, vosotros! Que me ayudáis a encontrarle una salida a mis problemas, un sentido a mi vida. Que en cualquier rincón, en cualquier situación, en cualquier momento… estáis dispuestos a echarme una mano, a brindarme una oportunidad.
Sí, esto va por vosotros!
A mis pequeños utensilios de escritura, algo tan sencillo y familiar como un papel y un bolígrafo.

jueves, 4 de marzo de 2010

Su querida abuela.

Sentada en un viejo y húmedo tronco situado en el jardín de sus abuelos, Carmen piensa en todos los momentos que vivió en esa casa. Cuantas veces había pasado por allí corriendo hambrienta y feliz cuando llegaba del colegio.
Siempre abría la puerta con tanta fuerza que rebotaba contra la pared, para volver a cerrarse de un portazo, a la vez que gritando profería las palabras mágicas “Abuela! Que hay hoy para comer?”
Ella siempre le tenía su comida favorita sobre la mesa, lista para ser devorada por una niña que por su inocencia, espontaneidad y felicidad era la alegría de la casa.
Y ahora, allí sentada en aquel rincón lleno de recuerdos, se da cuenta de que le debe tanto a aquella mujer… historias aprendidas, cuentos inventados, regañinas oportunas, momentos divertidos, alegres, felices. Momentos únicos para una niña que adoraba e idolatraba a aquella mujer de edad avanzada y pelo canoso, aquella mujer que le consentía todo, aquella mujer que no era, ni es, una mujer cualquiera, era… su querida abuela!!

miércoles, 3 de marzo de 2010

Deseo de miradas.


Arena, mar y aire que mece su encrespada cabellera. Sol que baña su blanca piel. Agua que golpea sus delicados pies desnudos. Salitre que flota y se pega a sus carnosos labios resecándolos. Lengua que humedece. Arena que se pega a su esbelto cuerpo a cada paso, y arena y más arena pegajosa. Cielo azul violáceo que anida el vuelo de numerosos pájaros. Curioso espejo cristalino con fondo marrón que daña sus claros ojos. Párpados que se entrecierran. Gente que corre, que ríe, que sueña, que quiere. Cometas de colores que surcan el cielo empujadas por personas que se sienten amos del viento. Miradas que recaen de una persona a otra. Y allí está, basta un solo instante para reconocerlo bajo sus grandes gafas de sol, descansa recostado sobre una piedra con su robusto torso al descubierto, el mismo en el que todas las noches naufraga llevada por la tempestad de la pasión.
Lo ve levantarse y acercarse, se acerca cada vez más y más, un paso, luego otro, entre la gente, luego otro paso, se acerca, más gente, un paso más… ansía abrazarlo, agarrarlo para que no se despegue de su cuerpo, sentir su calor, rozar sus labios… un paso más, cuatro ojos llenos de deseo que no se pierden de vista, dos sonrisas y un mentón tímido que desciende.

martes, 2 de marzo de 2010

Y se querían.


Y se querían bajo un manto de estrellas relucientes que observaban el calor y el amor que sentían el uno por el otro. Y se querían bajo la mirada de pequeños insectos de playa que por allí pasaban. Y se querían bajo el velo de un salado beso. Y se querían aun a sabiendas de que sus mejillas estaban plagadas de arena y se querían...

lunes, 1 de marzo de 2010

Mi carroñero corazón.

Eras un pedacito de corazón que anidaste en mi, corazón herido que se ha vuelto poco a poco salvaje, corazón tempestuoso que naufraga en la soledad de bocas desconocidas, corazón desgarrado que no ha hecho otra cosa que vomitar los daños causados por tu incesante latir sin sentimiento. Ahora ya eres corazón olvidado y miro y observo y me gusta el latir de otros muchos corazones que podrían acabar dentro de mí.

viernes, 26 de febrero de 2010

Sueños de canela en rama.


Sueños de canela en rama y tu, tu que me elevas con solo un suspiro, tu que siempre estás conmigo, tu que ríes y mis pequeños poros se ensanchan para captar esa dulce melodía. Tu. Yo. El tiempo que es infinito. Reloj lento pero no estropeado que marca las horas cuando tú estás. Gominolas de arco iris que nos une.
¡Oh! Dulce amistad…

jueves, 25 de febrero de 2010

Por tu culpa.

Las comisuras de mis labios se tuercen cada vez que escucho tu nombre, ellas me delatan y todos me observan. Odio sentirme observada y odio que mis comisuras se tuerzan para formar una de esas estúpidas sonrisas tímidas.
No contentas con eso, mis mejillas se empeñan en colorearse de un asqueroso tono rosado cuando me hablan de ti y mis ojos adquieren un misterioso brillo acristalado cuando te miro.
Espero que tú no te des cuenta de todo esto pero si te gustan las comisuras de mis labios dímelo, yo te las presto eternamente.

miércoles, 24 de febrero de 2010

Soledad pintada de tranquilidad.

Sentada en el sofá de su casa delante de la chimenea y con una taza de té humeante entra las manos, observa, a través de la ventana, los pequeños copos de nieve que caen sobre su pequeña ciudad. Hace mucho frío pero los troncos en llamas aportan un calor cálido y hogareño al ambiente.
Está sola en casa, la paz la inunda y se siente tranquila.
Un gato maúlla apoyado en el alfeizar de una ventana, el mismo que años atrás perdió una de sus siete vidas al caer desde esa altura.
La televisión encendida, y con el volumen al mínimo, se empeña en vender productos que ni los anunciantes saben a ciencia cierta para qué podrían ser útiles.
Un libro de tapas negras, anteriormente olvidado, descansa en su regazo con ganas de desenterrar de sus páginas todas aquellas historias llenas de pasiones y romances.
Un reloj apoyado en la estantería marca una hora que parece no existir para ella, porque en este momento no le importa nada, ni aquel gato que la mira, ni la televisión que no para de hablar, ni el libro olvidado, ni aquel reloj con agujas que parecen no cansarse nunca de hacer siempre el mismo recorrido. Solamente piensa en ese sentimiento de libertad que la invade por completo.
Da un sorbo a su taza de té y con una sonrisa en la cara se deja caer sobre el respaldo del cómodo sillón.

Recorriendo el amor.


Tumbado en la cama junto a ti, te observo y caigo en la cuenta de lo hermosa que eres.
Tus rizos rubios caen perfectos y resplandecientes sobre la almohada, pareciéndose a un caudaloso río dorado gracias al reflejo de la luna.
Tus pestañas largas y los suaves párpados ocultan la parte que más me gusta de ti: tus ojos, unos ojos azules que me matan con solo una mirada, para después resucitarme con un dulce beso de tu boca.
Busco con la mirada esa pequeña parte de tu cara y la encuentro fácilmente. Ahí está, oh como me gusta! Tus labios carnosos y rojos a causa de los restos de carmín que yo aún no he podido devorar, descansan complacidos formando una pequeña curva que denota tu bienestar. Lo que no sabes amor es que tu felicidad es la mía.
Aún recuerdo la primera vez que fuiste mía… una casa sin padres, cena con champaña, y un beso y otro beso, y una prenda que se cae inocentemente y otra, y dedos que acarician, bocas que se entrelazan, cuerpos que yacen unidos, desnudos, calientes, y un suspiro y manos que proporcionan placer, y acabar extenuados uno frente al otro, miradas que lo dicen todo y al mismo tiempo no dicen nada…
Fue una noche maravillosa y ahora te vuelvo a tener aquí, entre mis brazos, madre mía, que hermosa eres! Poco a poco me acerco para oler ese agradable olor que emana de tu piel mientras te acaricio con la punta de la nariz la mejilla. De repente te despiertas, tranquila, serena, ajena a todo, me miras a los ojos fijamente con una sonrisa en la boca y me dices claramente… “Te amo”.