"El corazón me resbala por las tuberías de este cuarto y ya no hay forma de sacarlo."








miércoles, 10 de abril de 2013

La mujer fantasma.


De la misma manera que un perro abandonado deambula de un lado a otro sin saber a dónde ir, la mujer fantasma arrastra sus pies produciendo un ruido tan cansino que la delata. Es entonces cuando sus mejillas plagadas de pequeñas pecas se vuelven de un rojo intenso, su diminuta boca se encoje todavía más (si es posible) y sus minúsculas manos se incrustan en los bolsillos de su cazadora para no volver a salir en todo el día.
Porque todo en la mujer fantasma es extremadamente pequeño, hasta el espíritu. Por sus venas no circula sangre, solo un mutismo continuo cargado de timidez, una autoestima por debajo del subsuelo y unas ganas inhumanas de pasar inadvertida.
Y, sin embargo, ahí está todas las mañanas, levitando detrás nuestra sin que nos demos cuenta. Podría decirle que está loca, que no me gustan los animales o que mi comida favorita es la lasaña, pero en lugar de eso continúo caminando dejando que la mujer fantasma siga su camino.