"El corazón me resbala por las tuberías de este cuarto y ya no hay forma de sacarlo."








viernes, 26 de febrero de 2010

Sueños de canela en rama.


Sueños de canela en rama y tu, tu que me elevas con solo un suspiro, tu que siempre estás conmigo, tu que ríes y mis pequeños poros se ensanchan para captar esa dulce melodía. Tu. Yo. El tiempo que es infinito. Reloj lento pero no estropeado que marca las horas cuando tú estás. Gominolas de arco iris que nos une.
¡Oh! Dulce amistad…

jueves, 25 de febrero de 2010

Por tu culpa.

Las comisuras de mis labios se tuercen cada vez que escucho tu nombre, ellas me delatan y todos me observan. Odio sentirme observada y odio que mis comisuras se tuerzan para formar una de esas estúpidas sonrisas tímidas.
No contentas con eso, mis mejillas se empeñan en colorearse de un asqueroso tono rosado cuando me hablan de ti y mis ojos adquieren un misterioso brillo acristalado cuando te miro.
Espero que tú no te des cuenta de todo esto pero si te gustan las comisuras de mis labios dímelo, yo te las presto eternamente.

miércoles, 24 de febrero de 2010

Soledad pintada de tranquilidad.

Sentada en el sofá de su casa delante de la chimenea y con una taza de té humeante entra las manos, observa, a través de la ventana, los pequeños copos de nieve que caen sobre su pequeña ciudad. Hace mucho frío pero los troncos en llamas aportan un calor cálido y hogareño al ambiente.
Está sola en casa, la paz la inunda y se siente tranquila.
Un gato maúlla apoyado en el alfeizar de una ventana, el mismo que años atrás perdió una de sus siete vidas al caer desde esa altura.
La televisión encendida, y con el volumen al mínimo, se empeña en vender productos que ni los anunciantes saben a ciencia cierta para qué podrían ser útiles.
Un libro de tapas negras, anteriormente olvidado, descansa en su regazo con ganas de desenterrar de sus páginas todas aquellas historias llenas de pasiones y romances.
Un reloj apoyado en la estantería marca una hora que parece no existir para ella, porque en este momento no le importa nada, ni aquel gato que la mira, ni la televisión que no para de hablar, ni el libro olvidado, ni aquel reloj con agujas que parecen no cansarse nunca de hacer siempre el mismo recorrido. Solamente piensa en ese sentimiento de libertad que la invade por completo.
Da un sorbo a su taza de té y con una sonrisa en la cara se deja caer sobre el respaldo del cómodo sillón.

Recorriendo el amor.


Tumbado en la cama junto a ti, te observo y caigo en la cuenta de lo hermosa que eres.
Tus rizos rubios caen perfectos y resplandecientes sobre la almohada, pareciéndose a un caudaloso río dorado gracias al reflejo de la luna.
Tus pestañas largas y los suaves párpados ocultan la parte que más me gusta de ti: tus ojos, unos ojos azules que me matan con solo una mirada, para después resucitarme con un dulce beso de tu boca.
Busco con la mirada esa pequeña parte de tu cara y la encuentro fácilmente. Ahí está, oh como me gusta! Tus labios carnosos y rojos a causa de los restos de carmín que yo aún no he podido devorar, descansan complacidos formando una pequeña curva que denota tu bienestar. Lo que no sabes amor es que tu felicidad es la mía.
Aún recuerdo la primera vez que fuiste mía… una casa sin padres, cena con champaña, y un beso y otro beso, y una prenda que se cae inocentemente y otra, y dedos que acarician, bocas que se entrelazan, cuerpos que yacen unidos, desnudos, calientes, y un suspiro y manos que proporcionan placer, y acabar extenuados uno frente al otro, miradas que lo dicen todo y al mismo tiempo no dicen nada…
Fue una noche maravillosa y ahora te vuelvo a tener aquí, entre mis brazos, madre mía, que hermosa eres! Poco a poco me acerco para oler ese agradable olor que emana de tu piel mientras te acaricio con la punta de la nariz la mejilla. De repente te despiertas, tranquila, serena, ajena a todo, me miras a los ojos fijamente con una sonrisa en la boca y me dices claramente… “Te amo”.