"El corazón me resbala por las tuberías de este cuarto y ya no hay forma de sacarlo."








martes, 24 de mayo de 2011

Y se duerme así, feliz.

Desde esa esquina Carolina puede ver una pequeña fisura en el pecho de Mario. Está en la perspectiva correcta, si sigue así, dentro de nada acabará viendo como todas sus entrañas susurran a gritos todo lo que ha querido escuchar durante ese minuto. Abandonarse al corazón (o al destino) es su propósito de esta semana, lo decide mientras un bostezo se le escapa de la boca y el color rojo se le clava a las mejillas. No sabe como lo hace pero sus nervios patinan y la sangre corre enloquecida para agolparse en la yugular, asfixiándola, cada vez que los ojos de Mario chocan con su piel envolviéndola en una calma y bienestar inexplicables.

Hunde los huesos en la cama, se hace un ovillo y se duerme así, feliz, sintiendo en la nuca unos cálidos labios que la hacen sonreír por última vez.

miércoles, 18 de mayo de 2011

Sesenta segundos.

Hay que ver lo rápido que un individuo puede entrar en tu vida. Desconocido durante lo que dura un pestañeo, y en un minuto esa persona puede pasar a colarse entre las costuras de tus prendas haciéndose poco a poco un hueco en algún lugar de tu ecosistema. El tema es que en un solo minuto alguien puede hacerte reír o llorar, parecerte una persona encantadora o un retrasado. En sesenta segundos alguien podría merecerse un premio o por el contrario un golpe.

Después de haber pasado ese minuto decisivo, y con él la prueba de fuego con su correspondiente escaneo, debes escoger en que parte de tu pequeño mundo prefieres instalar al nuevo individuo. Y es aquí donde pasamos a hablar de días, porque la confianza no es más que la seguridad de estar en plena armonía con una persona; o de meses, porque el cariño simplemente es cuestión de espontaneidad, cuestión de constancia. El problema viene cuando esa perseverancia se interrumpe, basta un minuto para no sentirse correspondido, para sentirse un tonto.

Hay que ver lo rápido que un individuo puede entrar en tu mundo, pero más aún lo rápido que puede marcharse, dejándote, en ocasiones, una esperanza destruida, un sueño aún por cumplir.