Olía a sexo y amor en aquella habitación, Carolina lo podía percibir a través de sus dilatados orificios nasales mientras se apretujaba más contra su cuerpo. Le encantaba ese tipo de aire viciado porque le hacía recordar quien estaba a su lado, Mario, tan dormilón como siempre. Estaba acostumbrada a que se quedara dormido una vez que acababan de comerse, a veces eso la irritaba, pero esta vez no.
Aprovechó ese momento para abrir la ventana, el ambiente parecía renovarse llenando la habitación de un aire fresco cargado de polen. Cogió una mandarina del frutero y sentada en el borde de la cama empezó a desgajarla despacio, los pedacitos cargados de zumo desaparecían entre sus labios hasta terminarla, al mismo tiempo que la respiración acompasada del chico se hacía más irregular.
- Eh, Carolina - le dijo con los ojos cerrados. Antes de contestar, se giró y lo besó sutilmente en la mejilla aún con el aroma a cítrico en sus labios.
- Qué.
- ¿Podemos hacer el amor otra vez?