
Arena, mar y aire que mece su encrespada cabellera. Sol que baña su blanca piel. Agua que golpea sus delicados pies desnudos. Salitre que flota y se pega a sus carnosos labios resecándolos. Lengua que humedece. Arena que se pega a su esbelto cuerpo a cada paso, y arena y más arena pegajosa. Cielo azul violáceo que anida el vuelo de numerosos pájaros. Curioso espejo cristalino con fondo marrón que daña sus claros ojos. Párpados que se entrecierran. Gente que corre, que ríe, que sueña, que quiere. Cometas de colores que surcan el cielo empujadas por personas que se sienten amos del viento. Miradas que recaen de una persona a otra. Y allí está, basta un solo instante para reconocerlo bajo sus grandes gafas de sol, descansa recostado sobre una piedra con su robusto torso al descubierto, el mismo en el que todas las noches naufraga llevada por la tempestad de la pasión.
Lo ve levantarse y acercarse, se acerca cada vez más y más, un paso, luego otro, entre la gente, luego otro paso, se acerca, más gente, un paso más… ansía abrazarlo, agarrarlo para que no se despegue de su cuerpo, sentir su calor, rozar sus labios… un paso más, cuatro ojos llenos de deseo que no se pierden de vista, dos sonrisas y un mentón tímido que desciende.
Lo ve levantarse y acercarse, se acerca cada vez más y más, un paso, luego otro, entre la gente, luego otro paso, se acerca, más gente, un paso más… ansía abrazarlo, agarrarlo para que no se despegue de su cuerpo, sentir su calor, rozar sus labios… un paso más, cuatro ojos llenos de deseo que no se pierden de vista, dos sonrisas y un mentón tímido que desciende.
dios me encanta el detalle del menton, si señorita, muy bueno.
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