"El corazón me resbala por las tuberías de este cuarto y ya no hay forma de sacarlo."








miércoles, 24 de febrero de 2010

Recorriendo el amor.


Tumbado en la cama junto a ti, te observo y caigo en la cuenta de lo hermosa que eres.
Tus rizos rubios caen perfectos y resplandecientes sobre la almohada, pareciéndose a un caudaloso río dorado gracias al reflejo de la luna.
Tus pestañas largas y los suaves párpados ocultan la parte que más me gusta de ti: tus ojos, unos ojos azules que me matan con solo una mirada, para después resucitarme con un dulce beso de tu boca.
Busco con la mirada esa pequeña parte de tu cara y la encuentro fácilmente. Ahí está, oh como me gusta! Tus labios carnosos y rojos a causa de los restos de carmín que yo aún no he podido devorar, descansan complacidos formando una pequeña curva que denota tu bienestar. Lo que no sabes amor es que tu felicidad es la mía.
Aún recuerdo la primera vez que fuiste mía… una casa sin padres, cena con champaña, y un beso y otro beso, y una prenda que se cae inocentemente y otra, y dedos que acarician, bocas que se entrelazan, cuerpos que yacen unidos, desnudos, calientes, y un suspiro y manos que proporcionan placer, y acabar extenuados uno frente al otro, miradas que lo dicen todo y al mismo tiempo no dicen nada…
Fue una noche maravillosa y ahora te vuelvo a tener aquí, entre mis brazos, madre mía, que hermosa eres! Poco a poco me acerco para oler ese agradable olor que emana de tu piel mientras te acaricio con la punta de la nariz la mejilla. De repente te despiertas, tranquila, serena, ajena a todo, me miras a los ojos fijamente con una sonrisa en la boca y me dices claramente… “Te amo”.

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