Las comisuras de mis labios se tuercen cada vez que escucho tu nombre, ellas me delatan y todos me observan. Odio sentirme observada y odio que mis comisuras se tuerzan para formar una de esas estúpidas sonrisas tímidas.
No contentas con eso, mis mejillas se empeñan en colorearse de un asqueroso tono rosado cuando me hablan de ti y mis ojos adquieren un misterioso brillo acristalado cuando te miro.
Espero que tú no te des cuenta de todo esto pero si te gustan las comisuras de mis labios dímelo, yo te las presto eternamente.
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