"El corazón me resbala por las tuberías de este cuarto y ya no hay forma de sacarlo."








jueves, 28 de julio de 2011

El chico de la voz de locutor de radio.


Bastaron solamente tres segundos para que mis tímpanos se enamoraran de la melodía que brotaba de su garganta en forma de palabras. Los rumores son ciertos, podría confundirse con ese tipo famoso que nos habla del tiempo o de la crisis todas las noches por la radio cuando aún no conciliamos el sueño.
Capaz de agitar, desvirgar, acariciar y avergonzar. Capaz de amansar, mimar, asfixiar y excitar es, sin duda, la más bonita, homogénea y sutil de las voces.
Me llegaba clara y nítida, como si estuviera allí, sentada en sus rodillas y no en cualquier otra parte del mundo. Se me incrustaba tan adentro que el aire me resultaba demasiado denso para poder meterlo en los pulmones, asique trocito a trocito intenté absorber y guardar aquella sintonía para cuando necesitara escucharla, una vez que “el chico con voz de interlocutor de radio” decidiera callarse para siempre.

miércoles, 6 de julio de 2011

él

De tanto que corría se le resbalaba hasta el corazón por los poros de su piel. No soportaba quedarse en casa por las mañanas mientras Carolina aún dormía; después de ella, notar los primeros rayos de sol en su blanca piel era lo que más le gustaba. Solía despertarse mucho antes que su chica, ¿su chica? Si, era suya, y después de atarla a una enmarañada red de besos, como si de esa forma pudiera retenerla para siempre, se calzaba sus viejas deportivas grises y salía a la calle. Así, ligero, sin nada en el estómago, porque sabía que el mejor desayuno le esperaba en la cama: Carol, su Carol, la misma chica que le hacía cosquillas en los pies todas las noches hasta hacerlo patalear de la risa.

Las comisuras de Mario apuntaban hacia el cielo siempre que la recordaba, igual que cuando la abuela Julia le daba su caramelo favorito al salir del colegio. Y solamente cuando esto pasaba, apuraba el paso para regresar pronto a casa y compartir caricias con sabor a leche, que sabía que era el desayuno más nutritivo que le podría regalar.