Miércoles 14 de abril de 2009.
Querido diario, hoy, como de costumbre, miré al espejo y me cansé de observar mis ojos negro azabache bañados en lágrimas. Las gotitas saladas no dejan de derramarse, noche tras noche, día tras día.
Lloro y no sé el motivo, como cuando era una cría y le gritaba a mi madre sin tener por qué. Perdona mamá, no tenía ni idea del daño que te hacía. Soy egoísta. Lo sé. Lo sabes.
Cojí el pequeño bote de perfume y salpiqué, como hacia siempre, unas gotas del oloroso líquido en el cuello y en la nuca. Unté mis jugosos labios en carmín rojo intenso y con aire de mujer fatal salí a la calle intentando fingir algo que no sentía.
En realidad, mi pedazo de alma sí sabe el motivo de mis pupilas mojadas. Mi corazón no está curado. Ni tampoco el tuyo. Te engañé, te mentí, te fallé. Y me arrepiento, pero no vale de nada.
Querido diario, reacuérdame que en mi próxima lista de propósitos para el siguiente año figure no hacerle más daño a la gente que quiero.
Buenas noches, no me apetece seguir pensando. Voy a desaparecer entre mis sábanas.
No hay comentarios:
Publicar un comentario