"El corazón me resbala por las tuberías de este cuarto y ya no hay forma de sacarlo."








jueves, 7 de noviembre de 2013

Somos las 3 de la madrugada.

Son las tres de la madrugada y, en esta ocasión, los dos nos encontramos observando el mismo techo que yo veo todas las noches.
Muchas veces pensé en las carreras que, hambrientos, haríamos desde la cocina a la habitación. Por eso antes, mientras preparaba los champiñones, me preguntaba si tú estarías pensando lo mismo, si tendrías tanto apetito como yo.
Ahora, con nuestros cuerpos agotados, me gustaría que entendieras que podríamos sobrevivir alimentándonos de nosotros mismos, de nuestra piel, de nuestros huesos; y para cuando ya no nos quede nada seguir escarbando hasta llegar al tuétano.

Pero son las tres de la madrugada, mañana nos iremos y, por desgracia, dejaremos que nuestros cuerpos mueran de inanición.

sábado, 19 de octubre de 2013

Rutinas.

Me rendí ante el sueño dejando caer rápidamente los párpados. Abracé mi cojín y me quedé así, como un gusano, hasta el día siguiente.
La rutina se implantó de golpe como siempre, sin una antesala previa donde poder digerir el cambio, venía acompañada de madrugones, escuelas de baile y cocina.

martes, 20 de agosto de 2013

Fotografías de verano 1

Todas las noches me daban las dos de la mañana leyendo. Era esa una costumbre veraniega que me impedía levantarme a una hora medianamente decente al día siguiente. De esa forma el desayuno venía a la una de la tarde y la comida casi a las cuatro.
No había manera de comer temprano en esa casa, como si el estómago llevara insertado  un despertador que se activaba solamente a esa hora del día, y así, la tarde pasaba más que volando, a galope. Entre siestas en el sofá, tardes de piscina o pequeñas meriendas sobre la arena de una playa abarrotada de gente. El verano pasaba como sin frenos cuesta abajo, pero ahí estábamos nosotros, aprovechando cada minuto de esa rápida pendiente.

martes, 18 de junio de 2013

¿Donde guardan los inviernos?

Algunas tardes de principios de verano, cuando los rayos del sol empiezan a derretirme el cerebro, echo de menos al invierno, solamente mientras ese sopor incandescente se mete entre mis ropas y se va.
Es entonces cuando la pequeña Diana, agarrada a la falda de su madre, me pregunta “¿dónde guardarán los inviernos?”y le cuento mi secreto.
Me gusta embotellar tormentas y envasar a vacío el frío y la nieve para cuando los necesite, los guardo en la nevera durante todo el verano y los dosifico a mi antojo.
Conservar un poquito de invierno en esta época en la que abundan los excesos, un trocito de esa calma y seguridad que nos proporcionan la cama y las sábanas de franela, me reconforta plenamente.

Abre el paraguas, se esperan lluvias torrenciales en el salón.


miércoles, 10 de abril de 2013

La mujer fantasma.


De la misma manera que un perro abandonado deambula de un lado a otro sin saber a dónde ir, la mujer fantasma arrastra sus pies produciendo un ruido tan cansino que la delata. Es entonces cuando sus mejillas plagadas de pequeñas pecas se vuelven de un rojo intenso, su diminuta boca se encoje todavía más (si es posible) y sus minúsculas manos se incrustan en los bolsillos de su cazadora para no volver a salir en todo el día.
Porque todo en la mujer fantasma es extremadamente pequeño, hasta el espíritu. Por sus venas no circula sangre, solo un mutismo continuo cargado de timidez, una autoestima por debajo del subsuelo y unas ganas inhumanas de pasar inadvertida.
Y, sin embargo, ahí está todas las mañanas, levitando detrás nuestra sin que nos demos cuenta. Podría decirle que está loca, que no me gustan los animales o que mi comida favorita es la lasaña, pero en lugar de eso continúo caminando dejando que la mujer fantasma siga su camino.

miércoles, 6 de marzo de 2013

El chico de la voz de locutor de radio, III


Llegados a este punto de inflexión, me siento afortunada.
Fuera hace mucho frío, pero aún así, bajo un poco la ventanilla del coche empañado por el calor de nuestros besos y estiro las piernas por encima del asiento. A falta de un cigarrillo me encanta hablar un poco de nada en particular mientras nos acariciamos con la mirada. Sonrío y te pregunto “¿en qué piensas?”, mi expresión se derrite cuando te acercas y me susurras un tímido “¿nos casamos?”.
Es entonces cuando siento que somos afortunados. Tu, por tener la suerte de tenerme cerca, por besarme las palmas de las manos y los dedos, los párpados, los labios, la punta de la nariz y debajo de la barbilla. Yo, por tener la suerte de encontrarte.
Los dos sabemos que nuestra situación es difícil, pero es nuestra. Con nuestra pena, nuestras reflexiones, nuestro amor, nuestra tortura. Nuestra situación… sólo es eso, nuestra.

martes, 29 de enero de 2013

Momentos amargos en la vida de un hombre, parte 1.


No sabría decir cuánto tiempo llevaba esperando detrás de ella, observando su espalda rígida y su melena dorada flotando en el aire. Lo único que sabía con certeza es que aquello no auguraba nada bueno. Era de esas que escondían la mirada y la perdían hacia el horizonte cada vez que algo no iba bien, dejando que las dudas y el miedo se encaramaran en el ambiente.
Y así fue. Se dio la vuelta muy despacio, demasiado, como quien no sabe exactamente qué piedra escoger para no hacer demasiado daño y, en un susurro, soltó la bala que tanto tiempo llevaba esquivando. No hubo principio, ni se quedó a medias. Para ella tan solo fui eso, nada.
Qué lejos ha quedado aquello. Qué lejos...
Ni siquiera recuerdo la última vez que la vi, ni qué fue lo último que le dije.