Mi vida sigue un camino algo descarrilado, o quizás descontrolado, exactamente como la insulina en los diabéticos o también podría decir como mis tripas en este momento, que gritan pidiendo alimento. Así es como me abro paso frente al mundo, con una sonrisa por delante y un estómago que no para de quejarse.
Hoy hay menestra para comer y solo espero que mi madre no le haya echado guisantes, aunque seguro que como siempre me llevaré una decepción, se empeña en complementar todas las comidas con ellos, pese a que sean vomitivos.
Carmen capta mi atención, hoy viste de verde, exactamente del mismo color que mi rotulador nuevo, verde guisante. Se siente observada, me mira de reojo y sonríe. En cambio Lucía no para de copiar lo que dicta la profesora, esa misma que ladra todos los días la lección con cara de perro pachón. Yoli no puede respirar y se suena los mocos, durante esta última semana su cerebro ha dejado de estar formado por materia gris para pasar a componerse de esa sustancia verde, verde guisante de nuevo. Jorge concentrado pregunta algo que a decir verdad me importa lo más mínimo mientras Natalia observa desesperada el teléfono como si de esa forma consiguiera adelantar la aguja del reloj, Javi levanta la vista del papel y me lanza un beso, lo agarro y lo retengo con todas mis fuerzas, ¡que dulce!
Estamos a tres semanas del final y tengo que admitir que a pesar de tener guisantes para comer… os echaré muchísimo de menos.
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