Volvió a ser primavera, sin ese frío, sin esas ganas de sofá y manta constantes, sin que se erizara la piel a cada segundo.
Volvió a ser primavera y a instalarse de nuevo el hormigueo típico de esta época en las zonas más erógenas de nuestros cuerpos, con el ardor, la vitalidad y las ganas de sexo que se incrusta directamente en la sangre.
Esa es mi sensación, y es la que me acompañará a casa, la que subirá los escalones conmigo y la que se meterá en mi cama.
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